Allan Cain[1] & Agnes Midi[2]

África tiene algunas de las ciudades más desiguales del mundo[3]. Los asentamientos informales en las ciudades africanas, y las luchas en su defensa, evidencian una exclusión profundamente arraigada[4]. Estos asentamientos han heredado del período colonial leyes urbanísticas segregadoras que son socioeconómicamente exclusivas, resultando en ciudades de cemento y suburbios. En muchos países postcoloniales, la lucha por el Derecho a la Ciudad ha formado una parte integral de la lucha contra el colonialismo y el apartheid[5]. En las décadas desde la independencia, pocos estados africanos han podido desarrollar e implementar reformas que rijan el desarrollo urbano para mejorar efectivamente estas características de sus ciudades.

Los gobiernos africanos post-coloniales han intentado limitar el número de personas viviendo en las ciudades y las oportunidades de trabajo disponibles para los nuevos migrantes urbanos reduciendo o revertiendo el éxodo rural[6]. Los gobiernos han tendido a adoptar políticas anti-urbanas, temiendo el crecimiento de las ciudades y el potencial para el activismo político entre los desempleados urbanos. Dónde las leyes urbanas o las ordenanzas municipales están aún vigentes, excluyen efectivamente a los pobres de los beneficios de vivir en una ciudad[7]. «Los elevados niveles de segregación planeada persistente en las ciudades africanas contribuyen a la desigualdad, con el aumento en paralelo de desarrollos residenciales cercados. Sin una alternativa formal viable, los hogares pobres rehacen la ciudad planeada desde abajo mediante medios ‘informales’[8]. La falta de servicios públicos y planeamiento urbano sensibles al género en las ciudades acostumbran a marginar aún más a mujeres y niñas y agrava la desigualdad. En África Subsahariana el ‘bulto joven’ muestra un cambio demográfico, lo que significa que la población es más joven. Sin capacidad para adquirir tierra asequible legalmente y sin poder encontrar empleo informal, los pobres han creado mercados de tierra paralelos y han construido estrategias de vida urbana mediante comercio callejero y la provisión de servicios básicos que el Estado no consigue dar.

Muchas ciudades africanas aún están lidiando con el conflicto, la violencia urbana y la migración post-colonial. Muchas personas desplazadas a zonas urbanas están estigmatizadas por asociación a los conflictos de los que huyen, y las poblaciones de acogida pueden verles como potenciales criminales. Los ciudadanos que llegan recientemente a zonas urbanas y las poblaciones desplazadas tienen muchos retos sociales y económicos en común. Los migrantes y refugiados no registrados a menudo se encuentran con dificultades adicionales en cuanto a su derecho legal a permanecer o a residir en un lugar de su elección, y frecuentemente no disponen de la documentación personal necesaria para tener acceso a apoyo y servicios[9].

La reciente adopción del eslogan ‘Derecho a la Ciudad’, incluido en la Nueva Agenda Urbana (NAU), acordada por unanimidad en la Conferencia Habitat III en Quito en 2016, comprometió a todos los países africanos a «promover mecanismos institucionales, legales y financieros en ciudades y asentamientos humanos para ensanchar plataformas inclusivas, en línea con las políticas nacionales que permiten una participación significativa en la toma de decisiones, planeamiento y los procedimientos de seguimiento para todos» (párrafo 41), para establecer marcos legales y de políticas públicas, basados en principios de igualdad y no discriminación, asegurando una descentralización fiscal, política y administrativa apropiada basada en el principio de subsidiariedad» (párrafo 89). Sin embargo, la NAU obliga a los signatarios a integrar y mejorar los asentamientos urbanos para lograr mejores niveles de accesibilidad, seguridad, calidad, inclusividad y asequibilidad. Sin embargo, los asentamientos informales aún están vistos por NNUU y los gobiernos como problemas que tienes que ser erradicados, más que cómo Turner los vio, como potencialmente parte de la solución.

Movimiento de habitantes de asentamientos precarios Abahlali baseMjondolo en Durban[10]

 

 

Sin embargo, están emergiendo movimientos sociales urbanos. En un número creciente de países africanos el movimiento de residentes en chabolas invoca las ideas de Lefebvre sobre el Derecho a la Ciudad mientras se embarcan en acciones basadas en derechos en sus luchas urbanas. Los movimientos sociales han adoptado el Derecho a la Ciudad como su eslogan para replantear los objetivos urbanos de desarrollo, que aún son cuestiones clave como el acceso a recursos urbanos, agua, vivienda, tierra, transporte urbano y un entorno habitable. Se ha progresado en municipalidades de algunos países dónde la campaña para el Derecho a la Ciudad ha llevado a una mayor democratización y descentralización, y dónde la cuestión de la ciudadanía local ha ganado terreno.

Se ha argumentado que Lefebvre vio un potencial con una oportunidad política para incorporar los asentamientos informales mediante el Derecho a la Ciudad. En algunos países los habitantes de asentamientos informales, con el apoyo de investigadores y profesionales especializados en cuestiones urbanas, han propugnado políticas públicas en línea con el Derecho a la Ciudad mediante la promoción específica de derechos urbanos a través de la co-producción de investigación activa. Los datos, co-producidos por encuestadores de la comunidad, rigurosamente georeferenciados, mapeados y validados por las autoridades locales, han sido una herramienta en la campaña por los derechos a la vivienda y a una tenencia segura.

La visión de una sociedad transformadora es más relevante ahora que nunca antes en África puesto que los derechos humanos fundamentales están en riesgo y la revolución pan-africana que emerge lentamente debe tomar en cuenta la diversidad del continente y las relaciones de poder profundamente arraigadas; las dinámicas de áreas peri-urbanas y los asentamientos informales; las economías rurales y la migración rural-urbana; así como los matices políticos y religiosos que están íntimamente ligados a conflictos por el control y la gestión de los recursos. Las ciudades tienen el potencial de reducir desigualdades, encontrar un equilibrio entre derechos individuales y colectivos, y promover una ciudadanía inclusiva y activa; contribuyendo en última instancia  al desarrollo sostenible. La African Governance Architecture (AGA) de la Unión Africana puede tener el potencial de cambiar la narrativa sobre las ciudades africanas realzando la responsabilidad de actores estatales respecto a la ciudadanía. La sociedad civil urbana puede movilizarse y organizarse para promover y salvaguardar el derecho a una ciudad segura, saludable e inclusiva. Mediante el reconocimiento del derecho a la participación y el apoyo a una ciudadanía empoderada e informada, las ciudades pueden redefinir espacios urbanos, reducir desigualdades, y asegurar la provisión y gestión democráticas de servicios públicos y recursos por el beneficio de todos.

[1] Allan Cain es el Director de Development Workshop en Angola y miembro de Coalición Internacional del Hábitat.

[2] Agnes Midi es la Directora Internacional de Proyectos de ActionAid en Kenya.

[3] UN-Habitat (2010) Urban divide: unequal cities. Nairobi: UNHabitat.

[4] Marie Huchzermeyer (2014) Humanism, creativity and rights: invoking Henri Lefebvre’s right to the city in the tension  presented by informal settlements in South Africa today. TRANSFORMATION 85 (2014) ISSN 0258-7696

[5] Ibid p 67

[6] Paul Collier & Antony Venables (2017)  Urbanisation in developing economies, pp 355-372, Oxford Review of Economic Policy, Vol.33, No.3 2017.

[7] Stephen Berrisford & Patrick McAuslan (2017) Reforming Urban Laws in Africa, Global Land Tool Network, Urban LandMark, UN-Habitat & Cities Alliance.

[8] Marie Huchzermeyer (2014)  p 65

[9] International Rescue Committee (2017) The Right to the City for Urban Displaced

[10] Richard Pithouse (2010) http://base.d-p-h.info/en/fiches/dph/fiche-dph-8418.html